Más nieve
Después de esta temporada de nevadas la nieve se ha convertido en el paisaje habitual. A una temperatura media de tres bajo cero, nevando cada dos días al final nos hemos juntado con palmo y medio de nieve. Y gracias a ello, he podido aprender bastante sobre no solo nieve sino también acerca de hielo. Cosas tan curiosas como que la nieve pisada no siempre se hiela, pudiendo tener desde una harinilla por la que te puedes deslizar cual patinando hasta una capa de hielo crujiente, pasando por la interesante capa de hielo de suficiente espesor como para que no se rompa cuando pisas y lo suficientemente compacta como para deslizar perfectamente. Las zonas no pisadas siguen siendo esa especie de nube en la que (como los charcos) desconoces la profundidad hasta que metes el pie, o la rodilla en más de un caso. Se supone que siempre va bien tirar sal para evitar que hiele y se vuelva una pista de patinaje… aunque el efecto secundario es un pastiche que patina, moja y ensucia, especialmente si han echado tierra para “ayudar a la tracción” (algo habitual en escaleras). Otro detalle curioso es cuando insisten en pasar la quitanieves por las aceras después de que la gente haya pisoteado la nieve. El resultado es que quitan la capa de nieve semi-compacta y dejan solo el hielo, mucho más práctico(/irónico): en la nieve patinas poco, en el hielo patinas un huevo.

