Lázaro de viaje
(Boulder, CO)

7 October 2006

7 de octubre, sábado

Filed under: Cosas de Casa

Gracias a esta temporada estoy aprendiendo múltiples normas, trucos y demás. Entre otras cosas que hay algunos componentes esenciales en una cocina, y otros muy prescindibles. Hoy daré mi visión personal de los electrodomésticos “grandes” en la cocina.

Los fogones: Queda claro que con algo cutre se puede cocinar decentemente, siempre que las sartenes sean aceptables. No obstante, un mínimo de dos fogones son necesarios si se pretende hacer algo un poco decente.

Térmicos (spiral): Como todos los térmicos tienen una inercia térmica considerable, pero menor que los clásicos, por estar presente únicamente el elemento calefactor.

Térmicos (placas): Les tengo alergia. Antiestéticos, anacrónicos… obsoletos.

Vitrocerámica: Al fin y al cabo es otro tipo de térmico. Tienen algunas ventajas, como la fácil limpieza. Muy interesante el “grill vitrocerámico”, que básicamente es una vitrocerámica rectangular sobre la que cocinas directamente. Totalmente sustituible por un grill, la fácil limpieza es el punto clave.

Inducción: Sin lugar a dudas una de las mejores opciones de las alternativas eléctricas, con una inercia térmica muy reducida y eficiencia bastante elevada. El inconveniente es que los cacharros han de ser “imantables” para que funcione, por tanto más pesados. Y os podeis olvidar de las sartenes de aluminio del todo a 100 y comprar sartenes de un coste mínimo de 20€/ud, o utilizar las viejas de acero esmaltado del abuelo, sin fondo difusor ni leches.

Gas: Será anti-ecológico, peligroso y poco eficiente, pero actualmente, para cocinar al wok (al wok de verdad) es una de las mejores (sino la mejor) opción. Como punto fuerte: es posible tener un quemador de 3600W, algo un tanto irracional en las cocinas eléctricas.

Mi elección: dos fogones de inducción (2200W y 1200W) y dos fogones a gas (1000W y 3600W doble corona).

 

El horno de convección: Todos se basan en el mismo principio: calentar el aire, y que el aire caliente la comida. Hay varias opciones que comento a continuación.

Eléctrico de convección empotrable: Normalmente disponen de dos placas, superior e inferior y grill. Obviando otros complementos extraños, están bastante bien, pero la potencia suele estar bastante limitada, lo que unido al tamaño del horno en cuestión hace que el precalentamiento sea un PITA en toda regla.

Eléctrico de convección sobremesa: Con un volumen de aproximadamente 1/3 de los anteriores y con una potencia habitualmente no superior a 2200W, el tiempo de pre-calentamiento se reduce notablemente, si bien debido al menor tamaño las diferencias de temperatura en el interior son más importantes, para cocinar piezas del mismo tamaño. Habitualmente también disponen de grill.

A gas: Últimamente están siendo abandonados, debido a que son relativamente peligrosos y poco controlables, en lo que a temperatura se refiere. No obstante, son los más potentes de todos, con unos quemadores habitualmente de unos 3000-5000W es totalmente factible utilizarlos como incineradoras. El precalentamiento dura un par de minutos, y el gratinado se hace en segundos. No obstante, es imposible utilizar calor en la parte superior e inferior simultáneamente. El consumo de oxígeno en la cocina es importante, lo que puede contribuir a problemas de “compatibilidad” con calderas y otros aparejos con detector de falta de oxígeno.

Mi elección: horno “sobremesa” eléctrico de 30L y 2200W, con grill.

 

El horno microondas: Estrictamente necesario. Para calentar la leche en invierno, para hacer infusiones… y para cocinar. Hay múltiples recetas para microondas, que debido a la alta eficiencia de los mismos permiten hacer platos aceptables en unos pocos minutos. Venden unos aparejos para cocinar al vapor arroz en el microondas. Mi elección: horno de 24L, 800W sin grill.

 

El lavavajillas: si como es mi caso ahora mismo vives tú solo y no dispones de una gran vajilla, carece de sentido, dado que para aprovecharlo, el aparato debería ser de máximo tres servicios, más ollas si quieres, no obstante, no siempre quedan bien y las hay que se estropean. Mi elección: por ahora creo que nada.

 

La nevera: aquí hay múltiples opciones. Desde la micro-nevera de estudio hasta la macro-nevera americana con generador de cubitos. Veamos las opciones:

Micro-nevera de estudio/apartamento: Demasiado pequeña. No por volumen sino por prestaciones: el congelador apesta.

Nevera de una sola puerta: Sí, bueno, para una sola persona debería ser suficiente, pero el problema es que son más propensas a hacer hielo que las de dos puertas, y el congelador suele ser de baja calidad. Con un único control de temperatura para congelador y nevera, el funcionamiento correcto suele ser crítico.

Nevera de dos puertas: Sigue teniendo un único motor, y un único control de temperatura. El único modo de tener un congelador bueno es asegurando que la temperatura de congelador está por debajo de -18ºC. Si bien esto se puede garantizar para conservar cosas, no se puede garantizar en congelación, así que presentan algunos problemas si, como yo, cocinas y guardas.

Combi: Un combi lo defino como nevera y congelador, con dos motores independientes, y por tanto controles de temperatura independientes congelador-nevera. Importante poder seleccionar cual se quiere parar: podemos irnos de vacaciones dejando el congelador funcionando. Si bien el tamaño suele ser muy grande para una sola persona, tienen una cierta capacidad de congelación, algo importante para aprovechar las ofertas.

Nevera americana de dos puertas: No es más que un combi horizontal. Práctico para la gente baja, pero por tener una superficie mayor, invariablemente tienen menor eficiencia que los combis. Algunas tienen añadidos como “generador de cubitos” o dispensador de bebidas. Muy fashion, sí,  pero contribuyen a las pérdidas de eficiencia.

Nevera + Congelador: Si fuese capaz de encontrar una configuración así de un tamaño aceptable sería feliz. Mi nevera puede tener la mitad de tamaño de la de un combi, y con un congelador del tamaño de un combi es más que suficiente. No obstante, normalmente estas están pensadas para la gente que necesita un combi -y- un congelador. Es decir, yo podría meter la comida de todo un año y aún me sobraría espacio.

Mi elección: Necesito algo con una capacidad de congelación considerable, por lo que algo con dos motores es condición necesaria. Al mismo tiempo, no requiero mucho espacio, por lo que seguramente optaría por un combi pequeño. Liebherr hace cosas buenas, seguramente me decantaría por algo suyo.

 

 

El extractor: No es un “electrodoméstico grande”, pero es algo estrictamente NO OPCIONAL. Si no tienes extractor, no tienes cocina. Puede ser uno de esos que recicla el aire o uno de los que lo tira fuera. Aquí depende de muchos factores. Sea como sea, vale la pena gastarse algo de dinero en él, y no me refiero a acabados inoxidables y demás. Me refiero a que realmente extraiga y que sea silencioso. Ideal si tiene varias velocidades: permite seleccionar la potencia al nivel necesario. Al fin y al cabo, igual que la potencia de los fogones es uno de los puntos que determina qué y qué no podremos cocinar, condicionado al humo.

 

Respecto a los puntos anteriores, sucede como con los cuchillos. La duración de los aparatos puede ser de, pongamos, 10 años. A la hora de comprar los aparatos, pongamos que el coste total oscila entre 2000€ y 4000€. Sí, el doble, 2000€ de diferencia. Consideremos los 10 años de vida media. La diferencia pasa a ser 200€ anuales, esto es menos de 20€ al mes.  Si por 20€ al mes tengo una cocina que fuciona y que los límites de qué se puede hacer en ella vienen impuestos por mis limitaciones y no por sus limitaciones, firmo ya mismo. Ejemplo: la conexión a internet son más de 30€ al mes, y no la necesito para comer.

 

7 de octubre, sábado.

Filed under: Personal

Varias personas me han preguntado ya si estoy aprendiendo mucho. Lo que voy a decir puede que no guste a mi jefe. La verdad es que sí que estoy aprendiendo… pero no sobre el doctorado. Sobre electrónica más bien poco, dado que principalmente me centraba en hacer lo mismo que hacía en Barcelona. No obstante, últimamente estoy aprendiendo diferentes cosas. Sea como sea, hasta ahora, de electrónica no he aprendido especialmente, pero sí que lo he hecho de la vida en general, más concretamente de “vivir solo”, a buscarme la vida en lo que comer, dormir y lavar se refiere. Cosas que en teoría podría haber aprendido igual en casa, no obstante, si aprendes a palos, es mejor lanzarse directamente, y aprender “al vuelo”. Así quizá no se me olvide, como normalmente sucede.

Dejando al margen algunos truquitos para la vida en solitario, una de las cosas más importantes que he aprendido hasta ahora es que hay cosas en las que vale la pena gastarse el dinero y las hay que no. Ya lo dije con el cuchillo, y refiriéndome a herramientas también. Y eso son cosas que cada vez veo más claras, especialmente cuando veo las comisiones que el banco me cobra por tener y mover el que es MI dinero. O cuando necesito un certificado y me dicen que tengo que pagar 30€ en concepto de trámites, cuando los trámites los he hecho yo, y ellos simplemente han de imprimir un papel y poner un sello.

En efecto, si algo he aprendido es que gastar el dinero no es problema. Notar que he dicho gastar y no malgastar. Aún diferencio esos dos conceptos. Porque además son los pequeños caprichos los que dan sentido a todo. Es el poder comer tomates de verdad, el poder comer patatas con alioli, el poder ver películas como Breakfast at Tiffany’s o Gattaca con unas palomitas. Un  filete de emperador a la plancha con ajo y perejil o unas hamburguesas caseras con una ensalada. La mochila para ir de picnic a la montaña, o los auriculares con pinganillo, de teleoperata para poder hablar con la familia y la webcam para que me vean. La cámara para tomar fotos de todo, o el MP3 para escuchar música.

 

Al fin y al cabo, la única gracia de ahorrar es el poder gastarlo luego en las cosas que realmente te hacen ilusión. Ya sean cosas de cocina, cómics, piezas de ordenador, DVDs o figuritas de Warhammer. Porque al fin y al cabo, la ilusión por algo no está ligada ni a su utilidad ni a su coste.

 

5 de octubre, jueves: paranoia

Filed under: Personal

En efecto, para todo aquel que no lo sepa encajo perfectamente en el perfil de paranoico. La prueba más clara es cuando estaba haciendo la cena y se ha abierto la puerta sola. Sí, sí, Boulder es un sitio muy tranquilo y muy seguro, pero si la puerta se abre y yo creo que la he cerrado con pestillo cuando he entrado, pues digamos que algo nervioso pone. Así que con mi histeria habitual en esos casos he salido a ver qué pasaba con el santoku desenfundado, sólo por si acaso. En efecto me he encotrado a alguien en la puerta… al vecino de abajo, que venía a saludar, que tal y como dijo, se pasaría por aquí. Así que he dejado el cuchillo (creo que antes de que mi vecino me viera con cara de asesino, dispuesto a blandir el cuchillo si era necesario) y le he hecho pasar. Al menos no he salido chillando “¿¡Dónde estáis cabrones!? ¡Os voy a rebanar la cabeza!”.

Pero como ya digo que soy paranoico, el vecino me ha preguntado por si tenía algún billete Español, por curiosidad. Obviamente se lo he enseñado, y el pasaporte, que también me lo ha pedido. Eso quiere decir que ya sabe dónde lo guardo. Tampoco es que tenga muchos sitios donde guardarlo, pero lo que está claro es que con mi paranoia ahora ya tengo mal rollo. Sí, en efecto, soy un desconfiado, y mucho. Gracias a eso me las apaño bastante bien en España y me he ahorrado más de un problema. Alguien dijo una vez “no te fíes ni de tu sombra”, y en efecto, eso mismo hago. “Radar activo” se le llama al estado este, que se basa en procesar todos los datos sobre el entorno posibles, intentando detectar anomalías, para evitar que se manifiesten de modo importante. Sea como sea, desde mañana, el pasaporte lo llevaré encima.

Esa es otra, la ley dice que lo debo llevar encima, pero si para pagar con VISA me aceptan la ID de la University of Colorado, y para entrar en el Liquor Mart o servirme cerveza en los bares me aceptan el DNI español dudo que tenga ningún problema. Aún habiendo sido nominada la policía de Boulder como “el mejor uso al cuero negro”, con claras connotaciones S&M. Para más detalles dirigirse al BOB2005, y buscar "black Leather"

Volviendo al tema del cuchillo, es una paranoia que tengo desde siempre, si no confío en el “cierre de la puerta”. En casa, cuando me quedo una temporada solo (que suele ser Agosto, mes de los hurtos) en cuanto oigo ruido en la puerta se me ponen los pelos de punta, y automáticamente paro de hacer lo que esté haciendo y paso a comprobar situación. Más o menos como un gato, sólo me falta bufar. Está claro que es una paranoia. Hay gente que se obsesiona en si ha cerrado o no la puerta cuando sale de casa y necesita comprobarlo tres veces, o si ha apagado la luz. Yo me obsesiono con que alguien va a intentar entrar en casa. Y es por eso que cuando me vaya a vivir sólo el primer invento será la alarma. Incluida webcam y LEDs IR para poder tomar capturas sin luz visible.

7 de octubre, sábado

Filed under: Cocina

Hamburguesas de champiñones.

Con media libra de pavo picado en la nevera exigiendo su consumo, un modo fácil y bueno de prepararlo es así.

Ingredientes: Carne de pavo picada ~250g, unos 100g de champiñones (lata), ½ cebolla mediana, un par de dientes de ajo, perejil, pimienta, sal, un huevo y harina.

Si disponéis de picadora: añadid todos los ingredientes y dadle un meneo hasta que esté arbitrariamente picado. Listo para formar hamburguesas.

Si no disponéis de picadora: (como es mi caso) poned la carne en un bol y picad a parte el resto de ingredientes, salvo el huevo, y agregadlos al bol. Mezclar bien con un tenedor. Añadid el huevo y seguir mezclando hasta que quede una masa homogénea. Listo para formar hamburguesas.

 

Una vez formadas, antes de hacerlas en la sartén, recomiendo pasarlas por harina o por pan rallado. Así al hacerlas quedarán de un color dorado más agradable, y en el caso del pan, quedarán algo crujientes.

 

Notas: Hay quien añade pan rallado a la mezcla. Personalmente, dado que no tenía pan no lo hice. A la hora de formarlas probé diferentes técnicas, todas con resultados malos. Quizá la más simple era el film transparente: poner un pegote de masa en medio y darle forma, para luego volcarlo en la sartén. Si se agrega pan rallado a la masa esta quedará más compacta y será más difícil que se deshaga, como me pasaba a mí.






















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