Lázaro de viaje
(Boulder, CO)

2 October 2006

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Filed under: Cocina

Salmón con verduras.

Aprovechando una de esas ofertas, el salmón congelado a $4/lb, zanahorias, cebollas y calabacines a $1/lb decidí probar suerte con un “invento” nuevo.

Se pican las verduras (2-3 zanahorias, 1 calabacín, ½ cebolla) a trocitos de aproximadamente 1cm y se ponen en un chisme pírex para el microondas, con tapa. Se salan (obviamente antes de poner la tapa) y se tienen 3’ a 800W, se remueven y otros 3’ a 800W. El volumen de las verduras debería haberse reducido. Se pone el salmón encima de las verduras y se tiene 1’ a 800W por cada lado. Se echa un chorro de vino blanco y se tiene por 3’ a unos 300W. Listo. Para servir, echar un chorrito de aceite virgen extra (que se note que soy mediterráneo, que leches)

Notas: Si se quiere que las verduras estén “al dente” conviene ponerlas menos tiempo. Diría 2’+2’. Una ventaja importante de esta receta es que sólo se ensucia un cacharro y no se pringa toda la cocina al hacerlo.


Espinacas con bechamel.

Con un kilo de espinacas troceadas en el congelador, una forma fácil de gastar un cuarto es así.

Se ponen un par de vasos de agua y 250g de espinacas en una olla al fuego. (Estas proporciones iban bien con las mías), y se hierven unos 5-7’ (depende de las espinacas).

Al mismo tiempo se prepara la bechamel: en una sartén se tira un dado de mantequilla, y cuando esta se funde se tira el mismo volumen de harina. Conviene remover para que no queden grumos. Cuando empieza a tostar se echa un chorro de leche, sin dejar de remover y a medida que se va deshaciendo la harina con la mantequilla en la leche se echa más, siempre removiendo. Se le da vueltas hasta que esté un poco más líquido que la consistencia deseada y se apaga el fuego. Para entonces las espinacas ya deberían estar listas: se escurren y se emplatan, vertiendo la bechamel por encima.

Notas: Mi proporción para la bechamel fue un dado de mantequilla, una cucharada de postre colmada de harina y un vaso de leche. Sobre la bechamel: si antes de echar la harina se sofríe un poco de cebolla rallada queda más buena. Ídem si se le añade algo de nuez moscada y pimienta negra hacia el final. Pero no tenía ganas de trabajar. Sobre el plato: sí, con algo de queso por encima y gratinado estaría mejor, pero mi microondas no tiene grill y el horno no se si explotará cuando lo intente hacer funcionar más de cinco segundos.

1 de octubre, domingo: calooor

Filed under: Personal

Así es, después del frente frío ha llegado lo que yo calificaría como frente cálido, que, aunque no hace especialmente calor, llevo dos días con pantalón corto por la calle, algo que no hacía desde agosto. No obstante, por la noche sigue haciendo fresco. Fresco más que frío: con pantalón largo y camiseta de manga corta se está bien, a pesar de que cuando sopla el viento se agradece una chaquetilla de manga larga, una sobrecamisa normal es más que suficiente.

Por otro lado, el día 28 pusieron en marcha la calefacción. Obviamente, en mi apartamento no funcionaba, tanto es así, que cuando fui a comer estaba a 72ºF, y por la mañana dejé el termostato a 55ºF y el termómetro a 65ºF. Obviamente no funcionaba bien, lo comenté a los landlords y pareció que lo arreglaron. Y digo que pareció porque desde el viernes que cuando iba a avisarles que no funcionaba bien que la temperatura en casa no baja de 80ºF (27ºC), más que en agosto, cuando entré. Eso me lleva al punto surrealista que he pasado de dormir con pijama de invierno y edredón de plumas a dormir con pantalón corto, camiseta sin mangas y sólo la sábana. No sólo eso, sino que ahora mismo me encuentro en el balcón. Ponerse con el ordenador dentro de casa era cuanto menos insoportable, así que estoy con una silla de resina, y con la mesa del escritorio en la terracita. Por si acaso hay algún mosquito de mala leche me he puesto algo de repelente, pero sin pasarme, que a mi también me repele, y la ventaja es que con la luz exterior propia del apartamento veo más que suficiente, ni me ha hecho falta sacar la lámpara, ni siquiera encender la de la terraza, que justo encima de la esquina de mi balcón hay un farolillo fluorescente.

Ha habido gente que me ha preguntado si los Americanos son tan tontos como el tópico, si son tan incultos, y comen tan mal. Como en todos sitios, hay de todo, no obstante, el pueblecito este tiene un nivel bastante alto, y no he visto prácticamente ningún obeso. Quizá en todo este tiempo unas cinco o seis personas. Y creedme que me he cruzado a bastantes en este tiempo. Respecto a su estilo de vida, quizá sí que sea más que cuestionable, como el derecho a tener armas. Al mismo tiempo se lo montan mucho mejor que nosotros, los Españoles. Supongo que mejor que los europeos en general, pero los que tanto los criticamos a veces nos damos cuenta que hay más de una cosa de aquí que no estaría mal tenerla allí. ¿A qué me refiero? Bueno, ya sabéis que me gustan los coches. Aquí, “retocarlos” es legal. Básicamente, porque confían que a pesar de retocar el coche no van a cometer infracciones. En España no recuerdo cómo está el tema ahora mismo, aquí, si te pillan borracho conduciendo, en Boulder concretamente, te pueden detener al instante, y pasar la noche en el calabozo. Por otro lado, algo que me ha sorprendido gratamente son las garage sale o tent sale, cuya traducción sería “venta de garaje” o “venta de carpa”. Según las películas, el concepto es que la gente de las casas pone unos tenderetes y vende trastos viejos en la puerta de su casa. Decir que eso aún no lo he visto, pero he visto las tent sale de un video-club en las que vendían películas en DVD a unos $3-$10 y VHS a 1$ por cuatro cintas (sin carátula). También las garage sale de McGuckin, donde compré una tabla de cocina de pino (50x30x2cm) por $3, y una regleta de 6 enchufes con protección contra sobretensiones por $2.

No contento con eso, ayer sábado, con la bicicleta y la cámara a cuestas fui a dar una vuelta por el creek, recordando que por ser sábado había el farmers market (mercado de granjeros), decidí hacer una parada, tal y como Jordi me había recomendado. A medida que paseaba pensaba “Mucho orgánico y mucha leche”, hasta que un hombre de una parada me dio un tomate cherry para que lo probase. Lo limpié un poco y me lo comí. Ciertamente… si no hubiese tenido pensado hacer fotos en la parte de más arriba del creek, habría comprado un par de libras de tomates y me las habría llevado para casa. La primera vez en mucho tiempo que como un tomate con gusto de tomate. Me río de los organic de Whole Foods: al triple de precio, si tienen la mitad de sabor se pueden tirar cohetes. Ah! y para los no veggies, también vendían carne, al menos de cordero. Directa del granjero. El próximo día compraré unos tomates y me comeré una de esas hamburguesas que hacen allí. Será efecto placebo, pero creo que me estará más buena allí que en cualquier otro sitio. Algo así me suena que hacían en algún pueblo de Barcelona. Bueno, mejor dicho: de comarcas. No recordaba que en Barcelona todo el mundo está muy ocupado como para recordar qué gusto tiene un tomate. Respecto al precio del farmers market pues quizá un tanto decepcionante, por caro. Básicamente, las ofertas de Safeway o de King Soopers son mejores, pero la calidad… además, remarco que es en las ofertas, porque los tomates estaban a $2/lb en el farmers y a $3/lb en safeway. Ciertamente fue divertido ver tomates, pimientos, maíz, y demás feos. Y lo remarco FEOS. Nos hemos acostumbrado demasiado a ver todos los tomates uniformes, redonditos, del mismo color, con el mismo gusto (a corcho), y lo mismo con los pimientos verdes: todos uniformes, rectos y monos. Lo mismo aplica a las manzanas con esos brillos extraños o las naranjas de acabado espejo. Porque es eso: acabado. En las cintas de producción tienen tanques de encerado y luego se pulen para que brillen. Y sí, es así, no es una tontería que me invento. Si no, ¿por qué salen esas escamas brillantes cuando pelas una naranja? Nada, que lo tengo claro: en algunos productos prefiero gastarme algo más de dinero. Sí, ya se que la piel de la naranja no me la como, pero la de los limones la uso para hacer bizcochos. Y qué demonios, otra cosa no, pero dinero… para que me lo robe el banco, hacienda o que se pudra… prefiero gastármelo en una de las cosas que más me gusta: comida. Es lo que pasa cuando de una necesidad haces una afición.

OOooh! ¿Os quereis creer que no he encontrado la pasta para los canelones en ningún lugar? Máximo Lasagna, pero ¿caneloni? ni de coña. En fin, me tocará hacérmela, que me niego a renunciar a unos de esos canelones de espinacas deliciosos.

Ciertamente nunca seré buen cocinero, pero al menos yo lo disfruto.






















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