Lázaro de viaje
(Boulder, CO)

11 September 2006

10 de septiembre, domingo

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Dicen que Boulder tiene 360 días al año de sol. Pues no se, seré yo, pero ayer llovió por la mañana, hoy se ha pasado todo el día gris hasta hace un rato que ha habido tormenta (relámpagos incluidos). Muy bonito todo ello: el fin de semana.

Total, que he aprovechado para actualizar mi excel de control de gastos, y ya puestos, vitaminarlo un poco. Digamos que ahora ya tengo control de todos los parámetros de gastos.

Por otro lado, anoche, antes de salir a pasear me hice un mojito, harto difícil dado que no dispongo de picadora de hielo. No obstante, hice uso de la técnica: “pones agua en la cubitera, te esperas un rato y cuando aún tienen agua dentro los rompes a trocitos y te quedas con los hielos”. Ciertamente una técnica poco ortodoxa y fácilmente mejorable. Aún así, el mojito quedó bueno. Incluso mejor que el del café It de Barcelona, un medio antro estilo lounge con un cierto carisma y una cierta gracia, en el que, sin duda, lo mejor es la camarera y su wan-pisu (one-piece). Quizá algún día monte un antro así: cuatro sofas viejos, cinco lámparas que den poca luz y algo de música ambiental es lo único que hace falta. Pues eso, volviendo al mojito, ciertamente no quedó mal, al principio muy fuerte, hasta que recordé que había olvidado el azúcar.

Pues ahora, hace un rato, aprovechando que no puedo salir por la tormenta (convertida en sólo agua) me he hecho otro mojito, con el Bacardí Añejo que compré a la salud de los del banco, los que nunca pierden dinero. Esta vez el hielo ha quedado mucho mejor, y no precisamente porque me haya comprado una de las picadoras del McGuckin (40$ eléctrica, 30$ manivela), ni siquiera porque tenga un punzón de esos de picar hielo, sino… bueno, la técnica es bastante cutre, pero efectiva. Conviene no ser excesivamente escrupuloso. Nuevamente, la imaginación al poder. La segunda vida de un calcetín. Un calcetín (obviamente limpio, lavado y relavado) se llena con cubitos… y bueno, ¡que empiece la fiesta! Después de aporrearlo un número de veces suficientemente elevado… voilà, un perfecto hielo picado para mojitos. No queda tan bien como con una máquina, pero para los dos días que me quedan paso de comprarme una picadora. El calcetín tendrá una vida limitada, pero bueno, tampoco pasa nada, dado que dispongo dos, por ser una pareja que se reía. Lo que tengo que comprar ahora son pajitas, que si no, con el hielo se hace difícil beber. Para la menta, utilizo la envasada del Safeway; el paquetito vale $2.7, pero llevo dos mojitos y me da para dos más como poco. El precio de la menta me recuerda algo. ¿Os quejáis del precio de los tomates en Barna? Ayer se me ocurrió comprar algunos para comer en ensalada o untar en el pan, o cualquier otra cosa. Total, cuatro tomates a un precio de $3 por libra… la broma son $5 por 4 tomates. Sí, 1€ por tomate. Pero bueno, como ya dije en su día, el ministerio invita, así que… Editado después de cenar: la verdad es que los tomates tampoco tienen mucho gusto. No son de porexpán, pero para encontrarles el sabor a tomate hay que ponerle un poco de inventiva y esforzarse. Fin del editado.

Esta mañana he estado mirando los cuchillos que tienen en McGuckin, y ciertamente tienen cosas muy interesantes. Tienen HenckelsTwin signature”, nada que ver con los Henckels del Target, que no son “Twin signature”. He visto una marca curiosa que no había visto nunca, pero también eran de los buenos. Sea como sea, los cuchillos que tenían en rack eran los mejores, y obviamente su precio se disparaba: partiendo de $60 del más normal, hasta los $150 de un cuchillo japonés original, de hoja forjada y el copón, con el kanji grabado en la hoja. No se qué diferencia puede haber entre esas hojas y las normales, y dudo que llegue a notarla en la vida, no sólo porque dudo que llegue a gastarme $150 en un cuchillo, sino porque dudo que llegue a utilizarlo tanto como para llegar a notar alguna diferencia. Porque sí, el Arcos de casa (9€), hoja inox al molibdeno, va fenomenal, pero también es cierto que para cortar cebollas, un cuchillo de doble sierra tampoco tiene más problema, y para cortar la carne a tiras para hacer chop suey, unas buenas (y no tan buenas) tijeras son igual de rápidas, sino más. (Editado después de cenar: corrección de nombres) Cierto es que los Zwilling J.A.Henckels con hoja “forged, no rust, ice hardened” me llaman a gritos, también es cierto que son $75. Ah, detalle curioso: en los J.A.Henckels International con hojas forjadas se puede leer claramente Spain. Quizá debería hacer un viajecito a Toledo cuando vuelva… jajaja, “Acero de toledo”. Cierto es que el Acero de Toledo es al acero Sí que puedo llevar cuchillos en la maleta, siempre que vayan bien envueltos y asegurados, no sea que salga volando y le corte la cabeza a un trabajador de la TSA.

(Actualizado después de cenar: añadido) Después de informarme, dentro de Henckels hay dos empresas: Zwilling J.A.Henckels, que es la de los gemelos, y J.A.Henckels International, que es la del monigote. Ambas dentro del mismo nombre, pero con diferencias de calidad, de precio y de logotipo. J.A.Henckels International sería para usuarios domésticos, digámoslo así, con precios por debajo de los $50 el cuchillo. Zwilling J.A.Henckels es la gama profesional, o pija, que parte de aproximadamente esos $50 y llega hasta los (en McGuckin) $125.

Ahora mi duda existencial es si comprar un KitchenAid $19, un J.A.Henkels $15..20, un Chicago Cutlery con mango de nogal 12$, el pack de 3 Hampton Forge (probablemente infumables) de $15, o un Chefmate de 10$ (infumable sin duda). Los dos últimos casos serían cuchillos para dejar aquí, tirar al vecino, o no se. (¿Qué carajo deben estar haciendo moviendo muebles a las 22:25?) Por el contrario, el KitchenAid sería compra experimental, y los Henckels serían para llevarme. En súper online había Victorinox, sí sí, los suizos. Vaya precios también.

 

9 de septiembre, sábado

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Justo acabo de volver de un paseo. Como habitualmente, he subido por Folsom hasta Pearl me he ido hasta acabar el Pearl Street Mall y he seguido un poco más, más allá del siempre concurrido Rhumba Café, en el que, como nota curiosa, estaban pinchando un pseudo hip-hop. Como dicen en El último boy scout, “si quieres verme llorar de dolor, pon hip-hop. En mi caso es algo parecido, si bien el hip-hop lo tolero sin más problemas, lo que sí que hace que me retuerza de dolor son los timbales, bongos o como queráis llamar a las chismas esas. No tanto por los bongos en sí (me gustan los Taiko) sino por el “ambiente hippy” ese, “ei tiu, paz y amor”. Si quieres paz vete a tocar los bongos a tu casa, y no a la mía, y si quieres amor… pues no se, métetelos por el culo. Sí, soy un intolerante, ¿y qué? También detesto las rastas y no por eso voy escupiendo a quien las lleva, así que tampoco creo que sea tanta la intolerancia. Pues sí, aquí también hay bongos (de hecho uno), igual que también están de moda las chanclas y las gafotas de sol esas, típico look italiana, gafas a las que creo que por Barna les llaman mosca, supongo que porque son una mierda.

Pues lo dicho, justo vuelvo de un paseo. Me ha saludado un hombre que no se si es que estaba borracho o que simplemente ha metido el pie en un jardín, una chica sonriente, una pareja que iba en una bici tandem y luego, una chica que iba con dos chicos, los chicos haciendo el idiota y ella se me ha quedado mirando y, si no he entendido mal, me ha dicho “Hey, what’s goin’ on”, que he interpretado como saludo. Yo con mis cascos enchufados, me he quitado uno y le he dicho “hi”, sin dejar de andar, ni siquiera ante su “yeah”, básicamente, porque no tengo nada claro que entienda todo lo que me dicen, o que lo entienda en el sentido que lo dicen, así que prefiero no comprobarlo en un contexto peculiar.

Lo de no entender bien el idioma va bien, ayer había dos en la puerta de mi apartamento cuando volvía de CoPEC, e intentaron venderme la moto de no-se-que, porque ciertamente no entendí nada de que iba, no se que de un contest, que cuanto tiempo llevaba estudiando, qué revistas leía, o tenía interés, para suscribirme o no se que, y cuando les dije que no pretendía suscribirme a ninguna revista me salieron con que seleccionara unos libros. Y yo “es que ahora mismo no voy a comprarme un libro”, me dijeron que eran “para los niños”, y en ese punto ya sí que no entendía nada, así que se lo hice saber “sorry, I don’t understand at all what’s this about”, esperando que me lo explicasen, algo que era obvio viendo mi cara de perdido. Entonces, salió la chica pelirroja, que marchaba y ellos rápidamente recogieron todo y se fueron. No se si fue por mi respuesta o porque pasó alguien que podía decirme de qué iba aquello. Total, me fui al súper a comprar, relativamente preocupado por su huida precipitada (“estos tíos sólo querían sacarme información de mis intereses para saber qué puedo tener por casa”, pensamiento paranoico Barcelona’s style) pero cuando volví, encontré a un chico y una chica haciendo lo mismo en el bloque de apartamentos del otro lado (los A), así que asumí que era algo normal, y no le di más importancia que no saber a de qué iba, si era una obra benéfica, si era una secta, o qué.

Hoy hemos hecho una comida para despedir a Toru, un chico japonés que presentó el proyecto, consiguió el título y se vuelve para Japón. Hemos ido 15 personas del labo. Como no cabíamos todos en una mesa, nos han puesto en dos. En la nuestra estábamos un chico chino, un surcoreano, un taiwanés, Toru, Dragan –mi co-supervisor–, un americano y yo. En la otra… entre otros, un indio y un italiano. Está claro que CoPEC es multi-cultural, con más variedad que el labo de la UPC. Nuestra mesa ha salido bastante bien de precio, y como Jeff sabía mis “problemas” con los ATM(cajeros) ha dicho lo que comentamos ayer, que yo pagase con VISA y ellos me daban el dinero cash. De ese modo, el banco únicamente me carga el 1%, en lugar del 4%, mínimo 3.5€ de los ATM (+tasas de aquí del ATM, $1.5). Así que he aumentado en 50$ mi cash, de modo que tengo para ir un poquito más lejos. Me han hablado de una técnica que se llama cash-back, que consiste que en el supermercado te dan dinero. Mola, ¿eh? Tú vas, compras una lechuga, unas zanahorias, media docena de huevos y les pides $50 de cashback y pagas con la tarjeta. Ellos te cargan todo, y listo. No obstante, me han dicho que esto sólo es válido con tarjetas de débito, no con tarjetas de crédito. Y yo no tengo ni pajotera idea de qué es la mía. Sé que pedí tarjeta de débito, pero también se que en el banco hacen lo que les da la gana. Así que enviaré un correo al tío del banco a ver qué hicieron, que no me fío un pelo. Me fío más de los makinavajas que de los bancos. Al menos los makis los ves venir. La ventaja del cashback: pues que si lo cargan como compra, es el 1%. Y en tal caso, los ATM se pueden ir a tomar por saco. Y también me ahorro abrir una cuenta de banco aquí, con sus correspondientes 20€ de gastos de allí, por hacer una transferencia de hasta 1800€ (por encima de eso, sube a 0.5%)

Esta tarde me he ido a dar una vuelta en busca de una lavandería de la calle 30th, porque andaba buscando cambio de billete a quarter, que es lo que tengo que meter en la lavadora (tocaba colada hoy, pero la haré mañana). La he encontrado y he cambiado $3, 12 quarter, que me dan para dos lavadas y dos secados. Justo al lado, estaba CompUSA, tienda de ordenadores y tal bastante famosa. Sinceramente: una de las mayores decepciones en tiendas de informática. Tenía un cierto estilo Corte Inglés mezclado con el Green SuperStore, el supermercado de PC Green. He encontrado el cable para mi portátil, marca Belkin, para enchufarlo a clavija USA con TT. $21. He pasado de largo. ¿$21+tax por una porquería de cable? Nada, nada, que mi adaptador ya funciona. Algo parecido me ha pasado con los dispositivos de enfriamiento para el portátil. Básicamente, son unas plataformas con unos ventiladores. Pues bien, la broma no bajaba de los 40$. Bueno, sí, en los “passive coolers”, que no eran sino elevadores del portátil. Venga hombre, pero qué es esto, $25 por una caja de plástico con agujeritos. Hey, pero portátil, ¿eh?, que se doblaba por la mitad. No fastidies, hombre. Total, que ya estoy en proceso de conseguir el ultra-portable passive laptop cooling device, marca de la casa, como manda la tradición. Con ingeniería aeroespacial y materiales avanzados, consiste en… en exactamente cuatro tapones a rosca de briks. Si tienen cojones de vender una caja con agujeritos para levantar el portátil, que demuestren que mi invento no es igual de eficaz.






















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