Lázaro de viaje
(Boulder, CO)

5 September 2006

4 de septiembre, lunes

Filed under: General

Hoy era Labor’s day lo que implica festivo. Me he levantado relativamente tarde (anoche estuve viendo la tercera y última parte de Riddick) y he intentado limpiar el horno. Ciertamente, hay una pequeña capa de grasa que se va, pero debajo de esa capa de grasa hay una capa de carbonilla que es virtualmente indestructible. Tampoco supone excesivos problemas, dado que no cocinaré en las paredes del horno ni en las bandejas, sino en mis recipientes. Sí, no limpiarlo es una guarrada, pero bueno, si no puedes contra el enemigo… únete. Así que quitaré la capa de grasa y listo.

A parte de eso… poco más, he probado los noodles maruchan, que de gusto a gamba tienen lo mismo que los de ternera, pollo o cualquier otro, es decir, nulo.

Después me he ido al césped del campus a conectarme a la WiFi, ninguna maravilla, pero he comprobado que en efecto, la batería del portátil dura 3 horas, aunque sólo me haya estado unos 30 minutos.

Más tarde me he ido a dar una vuelta y finalmente he encontrado Whole Foods, normal, dado que antes de salir de casa he mirado en el plano en qué parte de la manzana se suponía que estaba. La verdad es que la tienda impresionante. Me queda notablemente lejos de casa, pero la variedad de comida era notable, dejando al margen que todo era organic. A ver, no soy un sibarita de la comida ecológica, es más, hasta hace poco ni me había planteado comprarla, pero lo que está claro es que hay cosas en las que sí que se nota la diferencia. Y no hablo de si pesticidas o no pesticidas, simplemente en la calidad de los productos, el trabajo que se han tomado, por decirlo así. Por ejemplo la leche, probé la entera ecológica (organic, whole) esperando que me recordase remotamente a la leche que bebía en el pueblo cuando era nano, y en efecto, una de las dos marcas ecológicas que probé me la recordó, lástima que únicamente fue el olor al abrir el brick. Pues eso, probaré una leche del whole foods a ver si tiene un gusto mejor, y si encuentro que tiene el mismo gusto que las otras (como me pasó con las otras dos ecológicas) seguiré comprando la cutre lucerne, que, al fin y al cabo, si el gusto es el mismo, me la repampimfla bastante si es ecológica o no. Es diferente, por ejemplo, el caso de las verduras, en las que en teoría garantizan que no se han utilizado pesticidas ni agricultura agresiva. Hombre, la verdad es que tengo que probar a ver si los tomates se parecen a tomates, o son esas cosas redondas rojas que podrían ser perfectamente de porexpán, que el gusto es el mismo, y la textura… bueno, la textura casi. Otro ejemplo es el pan. Normalmente son panes más contundentes y menos “industriales”. Hubo una especie de pan de pagès que me pasaron Eduard y Amanda rondando en una bolsa en torno a una semana y estaba como el primer día. Probad ese experimento con una baguette del Caprabo a ver qué resulta. No obstante, la comida ecológica tiene una pega evidente: el precio. Si bien en algunos productos no es una diferencia tan exagerada, en otros supone pagar el doble, algo que, añadido al ya-de-por-si precio no-económico de estos lares hace se dispare un poco la cesta de la compra. No obstante, haciendo cálculos, me sale que no tengo especialmente un tight budget, así que cuando tenga caprichos en comida… pues me los permitiré. A la salud del ministerio, que al fin y al cabo invitan ellos.

Hablando de caprichos, hoy me he comprado un cepillo de ducha de esos de madera, con pelos vegetales y una especie de manopla de esponja (de mar). Algo que hacía tiempo que quería comprar (ya en Barcelona). Y bueno, por otro lado, tendré que dejar la VISA cuando salga de casa, que a eso hay que añadirle una lámpara de lava (7.5$) y una peli surcoreana de terror “whispering corridors”(10$). En total, otros 24$. Pero bueno, la lámpara de lava da algo de ambiente que me faltaba, la peli no estaba tan mal, y los cepillos… pues como la Gillette Match3, contribuyen a un estado de felicidad, como el salir de la ducha en invierno y tener la toalla calentita.

Lo que aún no he comprado es cuchillo. Mira que hoy he visto unos cuantos, pero los únicos que me convencen son uno de marca extraña de 15$, mango de baquelita rojo, hoja al carbono-no-se-que… y luego una marca alemana, que hay uno por 12$ con bastante buena pinta, pero la hoja es estampación en acero inoxidable. Y es que el modelo siguiente de los alemanes ya es uno con hoja forjada, que sube a los 50$ (!!!), algo que queda fuera de lo que tenía pensado gastarme, especialmente recordando el Arcos de 10” con hoja acero-molibdeno de 9€ que compré el Corte Inglés, o lo mismo pero 3-Claveles, que se puede comprar en las cuchillerías del casco antiguo. Y es que para los cuchillos soy un tanto friki. Simplemente me gustan, me gusta que no se les vaya el filo a los tres segundos y me gusta tener una mínima cantidad, adecuada para cada cosa. No me pidáis que pele una patata con el cocinero o que corte la carne con un patatero. “Oh, que pro, que pro” oigo de fondo. Ni pro ni leches. Obviamente me podría comprar los cuchillos en los chinos, pero considerad lo siguiente: Un cuchillo puede durar 10 años sin demasiado problema, pero pongamos cinco para forzar más el tema. Cuchillo del pan, cocinero, patatero y uno mediano, pongamos… qué, ¿50€? Por suerte o por desgracia, vivo en Barcelona, y eso significa que salir una noche fácilmente sube a 20€ de la cena, 7€ de la copa, 12€ de la entrada y otros 8€ más por otra copa. Creo que gastarme lo que me gastaría en salir una noche en un set de cuchillos que me durará más de cinco años no es tan aberrante. Especialmente considerando lo que gano en salud (mental) cuando el cuchillo funciona bien. Sí, a todas luces soy tacaño, pero hay cosas en las que prefiero estirarme. Los cacharros de cocina son uno de los más claros exponentes, siempre claro dentro de un nivel coherente: no me gastaré 50€ en un cuchillo igual que no me gastaré 200€ en una sartén, pero carajo, insisto: deben cumplir ciertos requisitos. En cierto modo, con las herramientas aprendí lo mismo en Barcelona. Un destornillador de cinco puntas puede costar 2€ en los chinos. Un destornillador decente (pongamos Irazola) puede subir fácilmente a los 3€, que haría 15€ para los 5 del chisme de los chinos. Pero nuevamente, (como con los cuchillos) se gana mucho en salud mental, sabiendo que no se va a romper la punta, o incluso, que no vas a partir la llave de tubo aflojando una tuerca a fuerza de mano, algo que con unas Würth es impensable y con las de los chinos me ha pasdo ya. Las buenas herramientas son caras, sí, duran más, sí. ¿Compensa? No lo se, a mi sí: mi salud mental agradece que cuando aflojo un tornillo no piense “mierda, ahora es cuando se parte esto y me cargo el tornillo, o me corto, o…”. Exactamente igual que cuando corto una cebolla, y no me pregunto en qué punto me patinará el cuchillo y cortará algo más blando, como por ejemplo mis dedos.

No obstante, he venido a los USA con unas maletas de los chinos, polares quechua, camisetas decathlon creation, tejanos pepe star, xdie, …, calcetines kalenji, y bambas kalenji y aiwa. Me gusta controlar en qué gasto, y gastar en algo que realmente me satisfaga. Aún ha de llegar el día que me ponga unos calcetines y me diga “Oooh, que bien”. Hasta ese día seguiré gastándome 15€ en un cuchillo, 1.25€ en el par de calcetines y 2€ en las camisetas de batalla.






















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