30 de Agosto, miércoles
Esta mañana he probado el teléfono móvil, así como la tarjeta para llamar a España. Interesante, esta vez se oía especialmente bien, quizá tenga algo que ver que eran las 8:30 locales, que dado que es VoIP el tráfico a esas horas está más despejado que el otro día (11h), o quizá es que el enrutado ha ido mejor. Sea como sea, he hablado unos minutos con casa, dado que mi abuela no sabía nada de mí desde que me marché, y no nos veíamos desde que fui a Madrid a tramitar el visado, es decir, desde principios de Agosto. Vamos, un desastre.
Por otro lado, he estado esta mañana en CoPEC, sin hacer gran cosa, batallando con uno de los inventos que no funcionaban y que más o menos ya lo hacen. Sea como sea, este blog no es para hablar de ciencia así que dejo aquí el tema.
Dado que para comer, el centro que la universidad pone a disposición de los alumnos (UMC) está siempre lleno de gente y la calidad es más que cuestionable (y el precio: 6-8$) y dado que estoy a 5’ de mi apartamento, hoy he decidido venir a hacerme la comida. Gracias a eso, me he cruzado a la chica del B215 (pelirroja, pelo rizado, sonriente), que comparte pared con la chica que llamaba Irene (B216), que creo que es Anne y no Irene. Por otro lado, tengo vista una chica un tanto fashion que anda también por los B2XX, nos cruzamos un par de veces cuando andaba Eduard con su hijo por aquí, y gracias a eso, ya sé que es la propietaria del Datsun 280Z (70’s-80’s diría), algo que me intrigaba desde hacía tiempo. Aún me falta saber quien es propietari@ del Mazda RX7 (80’s) rojo que hay siempre aparcado en los apartamentos. Ambos coches son una preciosidad, el Datsun con su aspecto retro, y el Mazda con el motor Wankel y sus dos tubos de escape. No obstante, están mal cuidados: al Datsun le cayó una granizada dura y está lleno de bollos y esconchones y el RX7 tiene el efecto de pintura mate clásico de los coches viejos. No obstante, ambos son realmente preciosos.
Cambiando de tema, dado que estaba quedándome sin calzoncillos he hecho lavadora. Se dice fácil, y en teoría lo es, pero claro… hay que ir a la sala de lavadoras (que ya colgué la foto) seleccionar los programas de lavado (y secado), seleccionando primero la ropa que deseemos lavar. Aterrorizado temiendo que las camisetas se me convirtiesen en tops, los calzoncillos en tangas y los calcetines en fundas para dedos he decidido hacer el lavado en modo “colored-cotton” (temperatura media, rotación rápida) y el secado en modo “sintético” (baja temperatura). El resultado más evidente de esto es que en efecto, la ropa se ha lavado, si bien las manchas más duras (una de barro) no se ha ido del todo (no me daba la gana pre-tratar) y el secado no ha sido suficiente para todas las prendas, así que he tenido que tender, y dado que acabo de hacer unas palomitas “butter flavor” he tenido que sacar el tendedero a la terraza, algo que desconozco si está permitido en las reglas de los apartamentos. Pero era o eso, o que se pudra la ropa o luego apestar a palomitas gusto a mantequilla (apestan más que saben, sin duda). Sea como sea, todo sigue siendo de la talla que era, eso sí, limpio. Y la mancha de barro del pantalón, uno con un ojo menos que un tuerto no lo ve.
Ah, se me olvidaba comentar que tengo una invitada, llamémosla Cecilia, una araña de 3x3 que esta mañana se me ha tirado al cuello cuando he movido la cortina. De pronto me he visto una cosa negra con patas dirigiéndose de la barra de la cortina a mi cabeza, así que ya me veis a lo Matrix, sin haber identificado qué demonios era, apartándome y levantando la pierna para pisar “eso” en cuanto cayese al suelo. Dicho y hecho, la he pisado ligeramente, he tomado una foto de la invitada y me he ido corriendo al labo. Pues bueno, sea como sea, Cecilia sigue rondando por casa, dado que cuando he llegado ya no estaba donde la dejé. Tampoco me preocupa especialmente, pero espero que no me guarde rencor. Temo que tendré que echarla del apartamento. Si bien Sofía y sus hermanas de 2x2mm que viven en los resquicios de las ventanas correderas no me molestan, Cecilia me resulta un tanto más desagradable, más que nada, por lo mismo que me preocuparía cualquier otra invitada: por si le da por meterse en mi cama mientras duermo.

